2 de diciembre de 2020

Raices Humanas

Cultura y Acción Ciudadana

La naturaleza y yo

Luis Méndez Q.


No sabemos el futuro. La aventura humana radica en eso. El futuro depende de lo que hagamos ahora.

  • – Usted es un panteísta -; me acusó una vez un pastor adventista con el cual conversaba.

Yo lo sentí como ofensa: me sonaba a panteón.

 Investigué y descubrí que panteísta viene de pan (todo) y teo (dios). Todo dios. Claro, yo le estaba diciendo que creía que todo era divino: las plantas, nosotros mismos, la naturaleza toda. Pero al ser todo divino también dejaba de serlo; porque la palabra divino cambiaba su sentido.

 Cuando niño no era tan amante de la naturaleza como lo quiero ser ahora. No existía el apremio por serlo tampoco. Vivía en el campo y admiraba la tecnología de la ciudad, a la que aspiraba llegar. Ahora es al revés: vivo en la ciudad pero procuro tener plantas en mi casa. Las riego y las cuido, aunque no sé mucho hacerlo.

Quiero separar mi basura en orgánica, reciclable, desechable, etc. Pero si la recogen toda junta: ¿qué puedo hacer?

  • – Usted es un panteísta -; me dijo el pastor.

Él cree en un Dios que está fuera del planeta, fuera de todo, único. Un Dios que nos ordena, masculino, todopoderoso.

En mi infancia tenía una tía que cultivaba un hermoso jardín. Yo jugaba con mis primos, a tirar los cerditos al agua de una patada, para que después salieran corriendo y chillando. Uno de nosotros los arreaba por un puente estrecho, y el otro, que estaba parado en la mitad del puente, cuando pasaban por su lado los empujaba con el pie. ¡Éramos crueles cuando niños!

Menos mal que con el tiempo me fui transformando. Ahora siento que todo está vivo y tiene su ánimo. A veces le hago reiki a las plantas…

¡Es hermoso ser panteísta! Es una bella palabra. Si todos lo fuéramos, quizás el planeta no estaría tan destruído. Tenemos que crear otra cultura, una buena cultura, en donde la palabra panteísta suene hermosa.