6 de julio de 2020

Raices Humanas

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      Una vez leí que la muerte se había convertido en el sentido de nuestras vidas… y la verdad es que no me atrevería a ser tan taxativo al respecto, pero después de cierto tiempo en este mundo (10.260 días aproximadamente) creo que esa, a ratos, atrevida y osada reflexión tiene algo de certeza y claro por que desde el punto de vista de algunas religiones, la vida sería sólo un transito a una especie de absoluto no-humano. En este último sentido, la existencia humana (entendida ésta como ser viviente en esta tierra) sería un preámbulo a una especie de verdad. La muerte entonces  nos liberaría de la categoría de humanos. Ahora, el desconocimiento de “lo eterno” es lo que mueve al creyente ya que, como es sabido, el paso desde el estar siendo un humano a ser en la cosa que se supone que vamos a ser después de la muerte no es gratis, no, no, no… hay que ser moralmente apto para eso y lo “moralmente apto” es lo que el credo de turno le dicta a los respectivos creyentes de las distintas religiones. Tengo que reconocer que, en más de una oportunidad, me he pasado la fotográfica de que hay un juez de la otra vida y la imagen es yo parado dando una a una las explicaciones de los más sórdidos de mis actos: “- Si señor, pero le juro que yo no sabía que la ruscia era la mujer de ese tal  prójimo…” Lo que más debe aterrorizar a los creyentes es que, cuando llega el último de sus días, ya nada puede hacer… ya está todo hecho.

¿Habrá alguno con la conciencia tan, pero tan limpia, como para enfrentar el juicio del que “todo lo sabe”?

      No soy un tipo de mucha fe que digamos, pero me agrada la idea de que todo esto sea sólo un transito, ese es como mi lado “b”. Es que la racionalidad en mí es más fuerte… de verdad que tengo problemas cuando me dicen que, por ejemplo, María tuvo un cuento no con José, sino que con un tal espíritu santo o de que convirtieron un mar en vino (les aseguro que no existiría ningún ateo en la tierra si mañana alguien convierte el océano pacífico en Cabernet Sauvignon), pero si todos tuviésemos la certeza de que hay otra vida creo que todo sería mas lento, calmo… en definitiva nada importaría porque simplemente la muerte perdería su razón de ser, no sería cesación, término, no dejaríamos de existir sino que los muertos serían los afortunados que pudieron zafarse de ésta vida terrenal.

     Un sentido es inteligencia y conocimiento, la muerte es uno de los sentidos de la vida en tanto que el acto de morir es una certeza y por ende innegable, como lo son también el amor, el equilibrio, la creación… podría nombrarles muchas inherencias sentido-vida y la muerte es sólo una más de ellas.

 Deben haber muchas teorías en lo concerniente a la muerte, por lo mismo he intentado no mencionar mucho a la muerte en sí misma, pero si al acto de morir, hay gente que le tiene miedo a la morir, pero no tanto a lo que viene después de ella si no que a dejar de existir. En el fondo de casi todas las personas está la leve duda de que todo llega “hasta ahí”, y si ésta es sólo una etapa de nuestra existencia ¿por qué temerán? A mí me da miedo tener una muerte físicamente dolorosa pero lo demás… es normal, es como sentir miedo ante un examen académico, no hay manera de escabullirse y tener miedo es ridículo, lo más lógico es preocuparse, preparase lo mejor que se pueda para llegar tranquilo ya que un examen hay que darlo si o si. En el caso de morir creo que  hay que estar conscientes de que es  “la realidad más real” ya que no estarlo es ser presumido, esa es la mejor manera de estar preparados, tratar de ser sincero consigo mismo, valorarse y ser lo más fiel que se pueda a sus ideales o pensamientos. Así que a sacar los ahorros de la cuenta y a comprarse la guitarra y aprender a tocarla, a invitar a salir a la mesera sabrosona del cafecito de Lastarria que se llama Sandra y que está más buena que la leche con miel antes de la durma, llame al amigo que no lo ve por un problema nimio, a buscarse una pega menos esclavizante, a separarse del mediocre insensible que no le dice nada bello al atardecer (si, le hablo a usted señora) y pásela bien con un moreno veintiañero medio inmaduro pero buen amante y usted señor, que alucina con la secretaria, déjese de hueviar y preocúpese de su señora que quiere que puro la piropeen un poco y anda mucho poeta suelto.

     Lo que sea… la idea es no arrepentirse, hay que rozar  uno a uno los días para que cada uno de ellos sea el primero, por que (como me dijo un viejo una vez en la piojera) “Después de ésta no hay otra”.

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