Elena Ríos

HISTORIA DE UN PEQUEÑO ARRIBISTA

 

-Ya no me interesa tu amistad.

Adiós, Mabel. .-

 

Se le quebró algo por dentro.

Todo lo que una vez fue Enzo para ella. Se desintegró en miles de partículas, que se mezclaron con el aire de la tarde.

Los Años se dejaron ver. Y el convertible azul de Enzo también.

Desear y tomar, adquirir y poseer.

Mabel tan lejos ahora. Y para él, ni siquiera el recuerdo. En el mercado bursátil de sus emociones.

Allá lejos, pero a más años luz. Una madre empobrecida, la suya; se arrastra junto a las horas en una rancha perdida.

 

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Y EN EL PRINCIPIO …

FUERON QUINIENTAS.

(extracto)

 

Poesía dedicado a los pueblos de la antigua América

 

(…)

El cáncer barrió las llanuras, contaminó los ríos

uno a uno los animales nos dejaron

todo quedó vacío,

el paisaje fue modificado

las praderas saqueadas dieron paso

a extensas avenidas de rascacielos.

El murmullo de la vida se extinguió de golpe

y nos quedamos solos,

la canción del Gran Espíritu se interrumpió

la talaron con un hacha,

empuñada en la mano cobarde.

 

El tiempo del hombre de la tierra

llegó a su fin,

y la enfermedad lo fue cubriendo todo

América se fragmentó

y las quinientas naciones

se convirtieron en estados.

Instituciones al día con las leyes,

en calles cuadriculadas para gente civilizada

y en cada esquina,

un llamado anuncio

de comida rápida,

para correr a envenenarse

con una exactitud que no falla.

 

Los días del vuelo del águila, por el paso de las cumbres

en medio de nubes errantes

e impenetrables altitudes.

esos días de reunión junto al fuego,

cuando el canto era rito y lenguaje

y la naturaleza el génesis

se han ido lejos,

ya no volverán.

Se fue aquel tiempo,

los espíritus sagrados

se esparcieron en fuga,

en las cuatro direcciones de la tierra

en un adiós

de desoladora tristeza,

el tiempo del hombre civilizado,

y un grito de muerte

era su consigna.

 

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ELLOS…Y LOS MUERTOS

 

Ellos; los inmortales

Elegidos al azar

En la ruleta siniestra

De la época de los años grises

En que Chile

Perdió sin remedio

La grandeza oculta

De su joya más amada

El amor ancestral

Del hombre por el hombre.

 

Ellos, los otros

Los de mezquina cuadratura

Y odio contenido en la mirada

Ellos, los invencibles

Caminando impasibles

En los amplios pasillos

Del poder

Arrancando

Uno a uno los capítulos

De la memoria sostenida

 

Truncando los sueños

De heroicas almas

Fulminadas en el odio perverso

Aún antes de nacer

Y cruzar la llamarada de la muerte

Más allá de las estrellas.

 

Sí; a ellos los inmortales

Porque valientes eligieron,

Fieles a sus designios

Y la gloria eterna

Se llevó sus vidas,

En un día no cualquiera

De un año grabado a fuego

En la retina colectiva,

Cuando el terror

Fue eco sordo

Y dominó

Las horas.