Fumar, Fumar…

Quizás sólo los fumadores comprenderán esta sentencia: “dejar de fumar es muy fácil, yo lo he dejado mas de cien veces…”. Si bien no recuerdo a quién estoy citando me parece -a la luz de los hechos- una sentencia más que acertada.
El dejar de fumar, tiene una implicancia que muchos desconocen, es realmente impresionante lo difícil que es para un compulsivo (como yo) dejar el tabaco, y de hecho lo he intentado, una vez logre hacerlo por más de siete meses y, al cabo de ese tiempo, en relación a lo físico, ya no era tan terrible no fumar pero había otro aspecto que me incitaba a hacerlo, por ejemplo, cuando conversaba con algún fumador notaba una especie de agrado al fumar y conversar, una sensación casi catártica, fue eso lo que, en definitiva, me llevo a decidir que iba a volver a fumar y que nunca más osaría siquiera privarme de la delicia. El tema se puede abarcar desde muchas perspectivas; si analizamos a la nicotina como sustancia adictiva ésta es comparable a otras sustancias en su capacidad de producir adicción, es semejante de hecho con la cocaína o la dependencia al alcohol. Es un hábito, se adquiere por la experiencia y se realiza regular y automáticamente; es un goce, una “auto-lesión” desde una perspectiva psicológica, es la satisfacción de un ansia personal. Un pecado capital.
Ahora bien, con estos antecedentes se puede inferir que para dejar de fumar sería necesario tomar cartas en el asunto, por ejemplo, parches de nicotina, chicles, etc. Pero ¿Qué hacemos con lo místico? ¿Donde dejamos el placer? la sensación orgásmica de encender un cigarrillo contemplando el ocaso o escuchando la canción esa que nos remonta a tiempos lejanamente mejores, qué hacer con la euforia alienante del bar roquero con la escudo y el “lucky” encendido en la mano, en fin, a lo que me refiero es que el fumar tiene una categoría desconocida, oscura… y es la de posesión, en efecto, queremos poseer el mundo por medio de un objeto particular, el tabaco. Esa es la clave, al asociar el fumar con determinadas situaciones o momentos se simboliza y “banderiza” el fumar como algo imprescindible para disfrutar la belleza de la lluvia, o de crear una atmósfera mas interesante al leer ese libro, pero la verdad es que la lluvia es igual de bella si no se contempla fumando y el libro es igual de interesante si al leerlo no se fuma, hay que diferenciar el gusto por el tabaco, su sabor, su olor, al sentido del acto de fumar.
El gran filósofo francés Jean- Paul Sartre para dejar de fumar cortó los “nexos simbólicos tiene el tabaco con el mundo” desvirtuó al tabaco y lo redujo sólo a lo que es: una hierba que se quema. En mi caso, logré vencer al ansia del cuerpo que me exigía tabaco, pero no solucioné el otro aspecto, el más importante el de la seguridad que se siente al fumar, no corté el nexo que tiene el tabaco con el mundo. Después de algunos años me di cuenta que no me imaginaba sin un cigarrillo en la mano, es más, la gente que me conoce si no me ven fumando se extrañan y me ofrecen uno, entonces acepté que había fabricado una imagen con la cual estaban todos contentos y, lo mejor, es que yo también lo estaba. Pero bueno, también hay que saber disfrutar, como me dijo una amiga hace poco, hasta la vitamina “c” en exceso hace mal, así que lo recomendable es moderar para disfrutar, después de todo sería horrible tener que dejar de fumar de un día a otro por problemas pulmonares por ejemplo yo aun no sé si estoy dispuesto a pagar ese precio, pero si así fuese, como dicen por ahí, “lo bailado, lo tomado…y lo fumado, no me lo quita nadie”.

Pablo Ramírez