Tiahuanaco

La ciudad es como un santuario donde se unen las estructuras de piedra creadas por humanos con las fuerzas de la naturaleza, que en esta época de invierno boliviano entregan un espectáculo. La excavación arqueológica aún está a medias, y la mayor parte de la ciudad permanece sumida en el misterio. El complejo consta de una pirámide escalonada, con un diseño muy particular, desde la cual se aprecian dos templos cuadrados, uno elevado y el otro subterráneo. El primero de ellos, que es como una ciudadela amurallada, cuenta con una gran puerta de entrada y la conocida puerta del sol. El otro templo es como un patio subterráneo en cuyas paredes están incrustadas esculturas de rostros de piedra estilo Chavín.

En ambos templos cobra significado la palabra “Geometría”, medida de la Tierra. Si se coloca una brújula sobre el suelo, se puede constatar que la orientación de las paredes es exactamente la misma que los puntos cardinales. Además las puertas del templo mayor ( del sol y de la luna) están mirando en el eje por el cual los astros se desplazan aparentemente por el cielo. Las enormes estatuas que se encuentran en el lugar también tienen forma de columna cuadrada y siguen la misma orientación del plano general. De este modo, una vez al año el sol entra y sale a través de la puerta del templo.

El agua que cae del cielo, también hace su recorrido, bajadas de lluvia y canaletas drenan las aguas lluvias y las hacen caer sobre canaletas ubicadas en el nivel suelo, haciéndolas circular en torno a las dos construcciones. El recorrido del agua une los tres mundos conocidos por los Tiahuanaco: el mundo del cielo, representado por los cóndores tallados en la puerta del sol, el del subsuelo, representado por la serpiente tallada sobre la estatua del templo subterráneo, y el mundo medio, donde vivimos los seres humanos.