Centro Cultural Ainil

Reportaje Centro Cultural Ainil, por Emeterio

Son las tres de la tarde y acaban de almorzar. Están todos sentados. Un aire fresco entra a través de un enorme ventanal sin vidrios ni bisagras. Como si estuviera enamorado del viento, el salón se deja abrazar por la brisa que inunda la habitación con su aroma a primavera. Se hablan, oyen, discuten, en consenso y en disenso. Quedan pensando, se miran, se avalan y ponen la voz en alto apasionados e intensos, como si fuera la última reunión que les quedara. Ya han pasado 40 minutos. Sólo les resta un punto en la tabla. “Que sí… tení razón….no poh gueón…hay que cambiar eso… pero puede ser mejor así…esta bien…. a mi también me parece”.

Luego cada uno vuele a lo suyo. Solo quedan Javiera, Eduardo y Catalina. Los tres, casi por casualidad comienzan a relatarnos entre puchos sueltos la historia de Ainil, o establecerse, en mapudungún. Este Centro Cultural nació en enero de 2003 como un proyecto para potenciar el desarrollo de artistas. Y aunque comenzó muy bien con talleres de ajedrez y pintura, tuvo que emigrar de sede por problemas de caja chica. Así fue como entre gallos y media noche se toparon con una enorme casona enclavada frente a la plazoleta del barrio Concha y Toro, en el sector alto de la capital. Eso sí, de comienzos del siglo veinte.

En esos años un bigotón emplumado en seda francesa y pedigrí, llamado Horacio Walker, levantó un castillo, tipo Joven Manos de Tijera, de cuatro pisos de alto en base a adobe, madera y hormigón, y que en algún desayuno de invierno sirvió para sellar acuerdos diplomáticos con puntiagudos caballeros extranjeros. Se contactaron con el actual dueño de la propiedad. Un sirio millonario que tenía el edificio botado desde el 92. Y eso que era Patrimonio Cultural de Santiago. Papeleos por allá, por acá. “Saca la fotocopia… Ya voy gueón… Listo señor…. Aquí está…. …Entonces queda en comodato…. Perfecto”…

Así se instalaron en mayo de 2003 en este lugar y funcionan como un centro destinado a la realización de talleres artísticos. Sin embargo, todos tuvieron que sacar al carpintero que llevaban dentro. “Toc-toc… tac-tac….tráete el martillo… puta la polvadera grande”…. Así, fueron levantando paredes desmayadas por el tiempo y cambiando tablones podridos por la humedad. Y aunque queda mucho por hacer: la colonización ya esta hecha.

Ainil desarrolla talleres de madera, fierro, piedra, pintura, dibujos animados, guitarra, teatro, tango, danza andina, mosaicos, comic, orfebrería, velas, cine, literatura y poesía. También arrienda espacio a quienes quieran hacer algún evento cultural. Y ahora que se acerca Navidad los muchachos se pondrán con una feria navideña para juntar lucas y financiar su reconstrucción. Si te interesa participar, presenta tu proyecto contactándote con Eduardo o Claudia al mail centroainil@yahoo.com.