Especial Agosto Erotico

EDITORIAL

Erotismo es una palabra de origen griego que tiene su raíz en “Eros”, que significa “Amor”. Sin embargo, el término mismo es más comúnmente relacionado con el sexo que con el sentimiento afectivo. En tal caso, se utiliza como sinónimo de “Sexualidad”. Y en nuestra cultura, sexo y amor están disociados. Incluso se puede utilizar el término “Amantes” para dos personas que tienen sexo pero no necesariamente se aman.

Eros era el nombre de una divinidad griega con la que se identificaba el amor. Con el tiempo, esta identidad fue cambiando. Para los Órficos, era el dios primordial que surgió del huevo cósmico para animar la naturaleza. Para Ferécides de Siros era el dios que, con el amor, traería la armonía al caos y el antagonismo que había generado el tiempo.

Posteriormente, esta imagen de lo fecundo y lo vinculante se va transformando en el dios de las pasiones, de un amor padecido. Se le ve como un ser cruel y hermoso que se burla del llanto y la locura humanos. Más adelante, se le relaciona con el amor inevitable, alegorizado como un flechazo. Finalmente, en la época alejandrina, se le ve asociado a las hojas de parra y al dios Baco.

Actualmente, si uno busca en internet, se le define como el dios de la apetencia sexual, loco, travieso y que hiere sin razón aparente. Así como Eros ha mutado en su viaje por el tiempo, lo que nosotros entendemos por Erotismo también tiene sus variaciones. ¿Qué es erotismo?

EROTISMO ( O LO EROTICO)

El cristianismo dio de beber veneno a Eros: éste, ciertamente no murió, pero degeneró convirtiéndose en vicio. Nietzsche, “Más allá del bien y el Mal”, IV, 168.

A ver, el erotismo (uno de los alcances del término) dice relación con un interés mayor que el lúcido con respecto a asuntos sexuales, concluyentemente, es el tema central de éste número pero quisiera esclarecer que esto último no implica que en este boletín todos estemos tan obsesionados con “el tema” al intenso de dedicarle todo un número…bueno, por lo menos no todos.

Estoy en un pequeño bar corrigiendo la columna para este número, contra el lapso tras notar la preocupación-molestia por la demora que noté en la dulce señal de nuestra editora anoche, cuando me llamó. En eso, al pedir la tercera botella de la tarde, logré rozarle los dedos a la mesera, ella me miró con enojo-agrado y dijo: -me dijeron que le cobre al tiro, son 3600 – y yo sin palabra de por medio saqué la Gabriela más peinada que encontré y la estiré para que la recibiera, en el momento en que su pequeña mano la iba a coger retiré el pago de su alcance y mirándola a los verdes le dije: – Y me trae un “Belmont” por favor – ella, sonriendo me dijo: -corriente o light…? – Este acto (quizá lacho) me hizo replantear todo el sesudo análisis psicológico que tenía del erotismo… y me tentó por el camino de “lo erótico”.

¿Es lo erótico un estremecimiento? Si. ¿es una pequeña persuasión o sentimiento sexual? Si. Pero esto último ¿surge sólo de la estimulación a una zona erógena? No. Lo erótico es una magia exquisita relacionada con el galanteo, la seducción, insinuaciones varias, en fin… por lo menos para mí casi todo es erótico; lo que no implica que sea un erotómano pero la implicancia de lo erótico realmente me cautiva: liberación, comunicación, encuentro, ascesis si se quiere. Una experiencia erótica, al estar rodeada de prohibición o tabú, deriva en una especie de trasgresión, porque va más allá de un mero instinto de conservación, tiene que ver con la antiquísima satisfacción de conquistar, a saber, de vicio, si, definitivamente vicio, por eso la cita de Nietzsche. La frontera de lo erótico o erotismo y asceta o anacoreta, aunque no lo crean, es delgadísima pero fuerte y como nietzscheano me atrevo a decir que si él hubiese desarrollado una vida sexual placentera no hubiese sido tan ( a ratos) odioso como lo fue, hubiese sido como cualquier otro profesor universitario, balanceándose entre cumplir con su vocación pedagógica y de seducir a la alumna poderosamente dotada que llegó a clases. Pero ese modo de ser le hubiese “quitado” tiempo y genialidad para desarrollar su superlativa obra, es más, si estuviese aquí ahora a mi lado me diría: -“La naturaleza no te dio suficiente linaje como para que te funcione sincrónicamente el cerebro y tu miembro.” – quizá es cierto, ¿por qué no? En ese sentido a lo mejor preferiría embriagarme con el Marqués de Sade… pero cada uno a su cuestión, por ahora, voy a seguir pate(n)tizando mi conjetura con la mesera, ¿quién sabe? A lo mejor, “resulta”. Me echan por lacho o resulta…

Pablo Ramírez.

POEMA

A veces sueño mirarte como mujer
Desnudar y demorar todo el tiempo
Acostarte, tirar y arrancar tus voces
Esas que cuando caminas van tan calladas
Quiero tus poros formando figuras
hacia los míos y tratarte con fuerza
Fuerza de último gemido, fuerza grande
mía hacia tus ojos.
Que te abras y lanzarte al suelo,
romper la ropa que estorba tanto (a esta hora)
chorrearte de vino y limpiar después con mi boca
Morder tu espalda tan mujer tan mía
No quiero que te des cuenta siquiera
No quiero tu respiro pausado
Te quiero frenética y en otro planeta
Desnuda desnudo que me mojes
con tu presencia y reventemos el infinito.

PRESUNTA ESCULTURA

Comienzo En la frente y mi yema se adormece en un trance que nexa como en un cuadro medieval todo tipo de matices adestiempos, exóticos e incoherentes; en el plano inmediato y congruente forma que hace que lo que es en ese momento, sea.

Tu frente, resonador de las vibraciones que emite el trabajo constante de tu conciencia. Tu frente, escenario-vulnerable a la sinceridad creativo, ingenuo, provecto: limpio. Sigo por la insinuación de la cuenca de tus ojos, un acantilado a la sensualidad menos estratega que he visto; tu mirada…tu mirada no tus ojos, tus ojos son tímidos, inteligentemente recatados…es tu mirada; es tu mirada la nocturna, desinhibida, tremendamente seductora, que no realiza un paso en falso,…es una serpiente que hipnotiza, ondula casi imperceptible y se mueve cuando es estrictamente preciso, aunque implícito es lo instintivo, intuitivo y natural: puro.

…Tu mirada, la misma que el primer instante recorrió en el oficio, mis piernas “ridículamente rayadas”, la que se vio a sí misma, en complicidad con la imaginación excitándose mientras “cogía a la sombra” del suelo; la misma que parece tener vahídos cuando se encuentra con la mía o con lo que digo…tu mirada, esa misma vedette que tiene deslices y cuando cree no ser vista soslaya lujuriosa,…lujuriosa pero tal vez no tanto como a mí me deja…

Tu mirada, estaría furtivamente en ella…La misma que repentinamente se condensa como dos nucléolos con ásteres de disgusto o apatía por algo que te extrae de tu, que es para mí, magnífico tiempo-espacio; o brilla pueril para entregarse a la risa y a los buenos humores.

Continúa el índice por la línea mediadora de tu nariz, lugar envidiable; entra el aire y con él todo tipo de moléculas orgánicas e inorgánicas polulantes, atrevidas y suertudas, que tienen el privilegio de ser seleccionadas y yacer en tu exhalación o padecer transformándose en ti y contigo, y recorrer lo que yo , ni con poderes extraordinarios, podría.

Y estoy llegando a tu labio superior, que ahora es precedido por un impelente bigote. Cuando éste está separado del inferior…ni el puente más angosto y a más altura me ocasionaría tanto vértigo como el abismo que descubren tus labios al separarse ¡Es sensualidad máxima!, que si se llega a combinar con tu mirada muere y a la vez nace, toda idea.

-El problema es que no estoy citando una situación de excitación sexual, sino a la abertura que se produce cada vez que hablas…Es que tus palabras …Tus palabras tienen la culpa. Y también tu silencio, es que tal vez es allí cuando son más elocuentes…Tus palabras; como las dices, como las armonizas y contrapunteas. Tus inflexiones, giros y tempos requieren de un oído absoluto, pues no están temperadas por jergas, neologismos ni argot: son genuinas. Cómo con ellas das volumen, contraste, templanza a tu discurso, calidez con la forma y suavidad pese a la profundidad o agresividad de que puedan precisar; lo mismo que el mármol…Tus palabras tienen oscuro incitante del grueso de un océano, en donde brillan aún más las ideas, por poseer, al igual que ciertos cuerpos, luz propia.

Tus palabras sorprenden con el regocijo virtual al que aportan los corales; enverantes arrecifes de conclusiones, remembranzas y cuestionamientos; seducen y conciben.

Tus palabras, tu inspiración y consecuente, tu mirada; tu mente; discurso perficiente, centrípeto océano, que inmersa en él, encuentro la dimensión en que puedo existir.

Vuelvo con los dedos, y… es un perfil griego: perfecto.

Zorro.