Autores Clásicos

LA PALABRA
Una sola será mi lucha Y mi triunfo; Encontrar la palabra escondida aquella vez de nuestro pacto secreto a pocos días de terminar la infancia. Debes recordar dónde la guardaste Debiste pronunciarla siquiera una vez… Ya la habría encontrado Pero tienes razón ese era el pacto. Mira cómo está mi casa, desarmada. Hoja por hoja mi casa, de pies a cabeza. Y mi huerto, forado permanente Y mis libros cómo mi huerto, Hojeado hasta el deshilache Sin dar con la palabra. Se termina la búsqueda y el tiempo. Vencida y condenada Por no hallar la palabra que escondiste.

Stella Díaz Varín
Poetiza de la Vanguardia Chilena de 1950

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ARMANDO URIBE
Las Críticas de Chile
3/La dictadura
no fue un error, tiene apellidos,
como colas de rata o lagartija,
y su elenco de honor para asesinos
los regocíja todaví y dura
indefinidamente; no fue un malentendido
sino la voluntad de pasar una lija
de hierro por encima de los niños.
(Críticas de la Vida Política)
1/ ¿Y qué fue del chileno
viril, culto, vernáculo,
señor de alguna tierra,
que sabe algo de leyes,
tranquilo? Se acabó, estará enterrado:
ya no corren los trenes,
las cortinas de fierro ya se cierran,
la ciudad y los campos son como cementerio.
(Crís de la Vida Social)
2/Ciudades complicadas y secretas
y los terceros pisos en penumbra!
Libros de estampas japonesas,
Grabados en los muros, y abanicos,
Borlas de terciopelo y correas de seda,
Espejo grande oblicuo.
Amarrada a los pulsos, de los pies amarrada.
Sonrisa dolorosa con rouge color violeta.
Y la grupa es un grupo de amores que retozan
Con suaves movimientos de caballo las crines al aire del aliento.
Crimen de la virtud y delicia del vicio,
Anchas manchas violáceas, moretones
Dulcísimos, saliva como jugo
De agua marina, joyas en anillos
plateados, instrumentos de torturas
vehementes, el sol nos deja ciegos
con su relámpago y su rayo que desnuca.
(Críticas de la Vida Sexual)

Del libro “Las críticas de Chile / Be-uve drais Editores, Santiago, 1999

No te amo…
No te amo, amo los celos que te tengo,
son lo único tuyo que me queda,
los celos y la rabia que te tengo,
hidrófobo de ti me ahogo en vino.
No te amo, amo mis celos, esos celos
son lo único tuyo que me queda.
Cuando desaparezca en esos cielos
de odio te ladraré porque no vienes.
de No hay lugar.

Armando Uribe, Editorial Universitaria.Santiago,1970.

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Rosamel del Valle / de “POESÍA” (1939)
Lámpara detrás del muro
Sitiado de vellones en movimiento
Imagen que la memoria me deja caer.
El tiempo nada en un color de atmósfera
O vuelo de sombras despiertas,
Guiado por lámparas de negro andar.
Las tribus aparentan descanso en tus huesos.
Nada te es familiar si no viene
Desde la cascada de ritos de la sangre desaparecida.
Piedras de lenguas habitan en tu imagen de siempre,
Imperturbable cabeza de sonámbulo.
Vivo en piel rayada por signos,
Historias de muertos en los laberintos del pecho.
Fantasma con oído destrozado,
Fantasma con pies de aureola,
Fantasma sentado en largas raíces,
Esperas bosques ausentes y minerales de sueño,
Cascadas de cuello de garza abandonada,
Raíces que leen su diario bajo tierra,
Angustia de cielos colgantes que destruyen tu boca
Mientras el humo se reclina en hojas de uñas ciegas,
Y pasan coronas de agua, coronas de soles, coronas
De animales asidos a la sangre de los años.
Habitante del alba prendida en tus cabellos,
Habitantes de las mañanas que lamen viviendas y sueños,
Habitante de las tardes, danza de gotas de hilo a hilo, gota a gota,
Y de la noche con puertas de vidrio abiertas al miedo.
El misterio cumple años
a Humberto Díaz Casanueva
Desde qué aguas y tiempo y heridas y calor
Y fábulas y permanecer en acecho como el aceite
Dispuesto a dar vida y qué fatiga de la luz
Y qué celebración de la sombra y qué andar
Sobresaltado y qué temor de lo que sigue
Siempre, siempre con la helada furia de la hoja
Al verano y de la ceniza al fuego, siempre, siempre
En el mismo peligro de cabezas celestes y voces
Pegadas al vidrio húmedo y nocturno de hallarse
Y no ser planta ni flor, ni existencia ni cuerpo,
Entre aires y sospechas y videncias y sobre todo
Entre lo que permanece como estatua y dolor.
Como llanto enemigo y paciencia de lámpara y nieve
Filuda y ojos obscuros dedicados a su muerte y al frío
Que conduce y envejece con cejas de llama.
Desde qué aguas oh estremecimiento continuado y amigo
De mi estremecimiento y de lo que se nos escapa
Porque no somos de hierro, ni de oro, ni de temblor,
Ni de ceniza, ni de corriente desnuda, ni de párpado civil,
Ni de punto de partida ni de llegada, ni de continuación,
Ni de permanencia, ni de calor, ni de sombra, ni de luz,
Ni de existencia, ni de muerte.
Y acaso seamos fábula y acaso seamos el aire
Pasajero y acaso lo que se parece a la sangre
Seamos nosotros, de viaje permanente, y acaso
Por la sangre de ahora habrá más sangre mañana
En las pupilas y en el corazón del hombre
A quién turbamos el sueño y la permanencia y la sombra
Que hace al lado de sí mismo y que es nuestra,
Como el aire del mar es de los náufragos,
Como el peligro es de la seguridad,
Como la sed es de la muerte.
Algo nos toca, oh amigo de fuego creciente y espada
En la noche de afán y fatiga y respiración
Por la costumbre de permanecer, aunque nuestra vida
Salga de noche y seamos su lecho vacío y sin embargo
Su guía, su sueño, su sed, su mensaje a lo obscuro,
Su iluminación de los muertos y su regreso
Y su entrada en la habitación y su acto
De volver a ser lámpara y carne y respiración.
Y ahora con qué fuerza, oh misterio, oh amigo,
Te hago sitio en mi calor y en mi angustia,
En mi cárcel de cielos derribados,
En mi iluminada desesperación,
En mi ciudad de piel crispada,
En mi voz que ha viajado cerca de tu lámpara
Y en las brasas de mi corazón, levantado un día
Por tu mano de admirable calor.
Soldado de Madrid
Idea de césped puesto a prueba por rocío de azufre
En abrirse de profundo resplandor.
Más pálido que la cera de las manos pero con pupilas
De pecho abierto al extraño sacrificio y al ojo
Extasiado y universal desde adentro, seguro.
En destino y señal con rodillas de fuego recibido
Y devuelto como dedos crispados en una rama,
Seguidos de rojos océanos creados sin traición.
Sin el pan del hombre perverso,
Sin el agua del disfrazado de noche y crimen,
Sin la voz en cuatro pies.
Oh larga muerte necesaria para vivir y necesaria
Defensa universal y sagrada copa de rocío sin beber
Por ahora y jamás y sangre no dominada por ahora
Y jamás y conciencia brillante sin corazón vencido
Por ahora y jamás y espalda de sal lúcida no azotada
Por ahora y jamás y hombros de fuego no destruidos
Por ahora y jamás y piel no hecha para bocas
Asesinas por ahora y jamás y defensa del ser
No igualada por ahora y jamás.
Imagen y presencia sin obscuridad con el grito
En el aire de la sangre y en la flor y coraza
De las armas del corazón terrestre.
Como en única lumbre desesperada,
Como en único olor y pulso y respiración y manos
Donde nacen las lámparas y el estremecimiento
Que rechaza la muerte.
Qué vigilia penetrante por los vivos y los muertos
Mientras el alba cae ceñida de fusiles,
Mientras los hombres detienen el temblor extranjero,
Mientras las mujeres apagan la luz de sus cadáveres,
Mientras el mundo espera de pie en las puertas del sueño.
Inscripción en la puerta del tiempo
Nuestra esencia viene de la tiniebla rasgada
En espada de noche y fuego invasor parecido a la sed,
Construida de ángeles ciegos y temblores y de la infinita ola
Amante de lo terrestre sin límite y del olvido.
Pero una transparente llama sigue a la sangre desde el tiempo
De un calor indestructible, de una voz dormida a lo lejos
Tal vez donde el ángel sonámbulo destruye los sueños
O donde el espacio cierra sus ramas en un movimiento
De angustia terrible y de rechazo a la sed.
Poder volver un día al latido lejano, a la sumergida
Ola sin llanto donde el corazón bebía su fuego en la copa
Nocturna y palpitante, como el pez en su agua.
Tan vasta angustia sube y tanta permanencia alrededor.
Los tallos se obscurecen en el terrestre sonido
Y las piedra echa ramas debajo de su muerte.
Inalcanzable vapor errante y corona deshecha en el agua,
No más bellos que el cuerpo confundido en las sombras.
Pero las cabezas arden y las manos se sueltan no más lejos
Que el oído de la tierra o que la boca del cielo.
Juntos en un solo relámpago abandonado… Qué esencia
Destruir ya, qué abatido sueño recoger, qué lámpara
Guardar en la tormenta de la noche sumergida.
Maravilloso tiempo ¡oh fuego devorador! y maravillosa
Sangre y ceguera y necesidad del abismo donde el ser perece
Entre ángeles y demonios todavía, entre ritos,
Debajo de campanas y sepulcros sin alba para siempre.
Siempre, siempre, a imagen y semejanza de la angustia.
Siempre, siempre, a imagen y semejanza de la terrible imagen.
Siempre, más que a imagen de la vida, a semejanza de la muerte.
Amenazada existencia tan cálida de sonidos, de movimiento
Sin fin, donde el sueño de las cosas nos oye día y noche,
Donde el hombre nos oye, donde nosotros nos oímos y donde
Lo que no es nuestra esencia nos oye y nos mira.
Sin embargo, terrible copa nocturna nos cae en la boca
Y aire de inmensa hoguera nos desnuda al andar.
Abandonando cuerpo de anillos calientes, imagen sola
De la voz ciega y devoradora y eterna, hay una espada
Para la sed, hay una espada para el sueño.
¿Qué se le oye decir? ¿Qué puertas abre? ¿Qué estremecimiento
Conduce? ¿Qué despierta en la lengua sin ojos de los muertos?
El corazón sumergido
I
Venid, agua de vientre obscuro, raíz de la luz
En eternidad y vaso necesario para el oído.
Venid, haz y corona de jóvenes chispas de aire
Y pupila del hombre frío que empieza a invadir
Sombra y resplandor, nada y violencia y sitio
Para el hueso y para la ansiedad de la carne,
Transformada en pájaro de fuego y grano del cielo.
Herido en su sangre y permanecer como el espanto
Que habla con largas raíces en la boca y un rayo
En la mano del corazón.
II
Es el hombre, una lámpara en dos pies
Y dos alas y vidrio y tiniebla alrededor.
Abramos los ojos, las sienes, los tallos, las piernas,
Las puertas del cuerpo y de la obscuridad.

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César Vallejo

Los nueves monstruos

I, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de sér, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,
hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la arimética!
Jamás tánto cariño doloroso,
jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tánta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.

Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!
Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás de perfíl,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más)
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tánto cajón,
tánto minuto, tánta
lagartija y tánta
inversión, tanto lejos y tánta sed de sed!
Señor Ministro de Salud; ¿qué hacer?
!Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.