Caral – la ciudad mas antigua de America

Hace unos 10 años se comenzó la excavación y estudio de una ciudad de una antigüedad tan remota como la de las ruinas de Egipto. El yacimiento tomó el nombre de la localidad más cercana, la ciudad de Caral, ubicada en las cercanías de la ciudad de Supe, a una hora de Barranca, que está a su vez a unas 5 horas de Lima, la capital de Perú.

Vista general del valle agrícola en Caral

La datación de la ciudad se realizó analizando elementos vegetales encontrados entre las paredes de la construcción y arrojó la impresionante fecha de 3.000 A.C. El conjunto arquitectónico se encuentra dentro de un fértil valle, rodeado de montañas, a corta distancia de la región costera. Se ubica en la zona alta del paisaje, y a diferencia de la parte baja del valle, que es verde y de uso agrícola, es un sector desértico y está al pie de las montañas. Da la sensación de que podría tratarse de un centro ceremonial que se diferencia de la actividad de cultivo de vegetales de los que vivían sus habitantes.

El conjunto arquitectónico está integrado por varios edificios de forma piramidal más dos conjuntos de viviendas ubicados en la parte alta y la parte baja de la ciudad. El material de construcción que se usó fueron rocas de granito partidas en trozos grandes y pequeños, pegadas con algún tipo de estuco. Entre los edificios quedan espacios libres que dan origen a plazas, que eran utilizadas, aparentemente, para el comercio de distintas especies.

Aquí tenemos que hablar de edificios piramidales, en lugar de pirámides, porque si bien estas construcciones se ven por fuera como una especie de zigurat, por dentro cuentan con habitaciones y plataformas de circulación, cuya organización da como resultado una forma de edificio escalonado.

Edificio piramidal con estructura circular en la entrada.

Los antiguos habitantes del valle parecen haber tenido un particular interés en el fuego. Los arqueólogos descubrieron que en cada vivienda siempre había un espacio en la entrada donde había una especie de pozo circular donde se encendía el fuego. Este pozo tenía una pequeña apertura por debajo que permitía la entrada de aire para avivar el fuego. Este invento les permitiría tener el hogar encendido por tiempo indefinido. En las construcciones piramidales, posibles edificios de carácter religioso y administrativo, también se podía encontrar este salón con el pozo circular para el fuego. A su vez, dos de estas construcciones cuentan con una plaza circular que antecede a la entrada a la pirámide, y que se asemeja al pozo circular en que se conservaba el fuego.

Excavación de una vivienda con su pozo para fuego.

Otro tema de interés para los antiguos caralinos tenía que ver con la astronomía. En una de las plazas se puede encontrar un monolito cuyo uso es atribuible a un reloj de sol. Frente a esta plaza, en uno de los edificios piramidales, se encontró un escalón en donde estaban tallados pequeños huecos circulares que, según los astrónomos que estudiaron el lugar, representaban algunas constelaciones estelares. No hay que olvidar que para los pueblos de actividad agrícola, la astronomía era de gran utilidad para determinar la llegada de las estaciones del año y para saber cuando plantar, regar y cosechar.

Monolito junto a la pirámide con tallados astronómicos.

Los arqueólogos no han encontrado restos de cerámicas en el lugar, lo que indica que si bien manejaban el uso del fuego, al parecer aun no descubrían el uso de este para cocer el barro. Sin embargo, los habitantes de este valle trabajaban distintos materiales, como el hueso y la madera. También elaboraban adornos de piedras y conchas marinas. Y para transportar el agua utilizaban calabazas ahuecadas. Además se han encontrado estatuillas de forma humana hechas con barro sin cocer.

Los antiguos habitantes de Caral se vestían y calzaban con fibras elaboradas a partir del algodón. Cultivaban algodones de distintos colores, como verde y marrón. Se adornaban con joyas de piedras, conchas de mar, madera y hueso. Se alimentaban de lo que producían en el valle, zapallo, camote, yuca y pallares, y de animales como ciervos y camelidos. También comían pescado, que tenían que traer de fuera del valle.

Más allá, en un lugar junto al mar se ha encontrado otro yacimiento similar al de Caral, donde se extraía productos marinos. A este lugar se le conoce como Aspero. Tal parece que de este enclave provenían los pescados y mariscos que utilizaban en el valle para consumo y elaboración de elementos decorativos.

Vestigios del conjunto residencial de la ciudad.

Lo que más llama la atención de esta civilización es que al parecer se trataba de gente pacífica, que se dedicaba al comercio y rendía culto a sus dioses, sin ningún afán imperialista. Tal parece que lo que impulsó al establecimiento de este lugar fueron motivos anteriores a la guerra.

Todavía queda mucho por desenterrar y recuperar de Caral. Sin duda es un lugar digno de visitarse. Cuenta con un hermoso lugar de recepción construido en madera natural, con servicios higiénicos, feria de artesanías, venta de comestibles y pronto, uno o dos restaurantes. La visita es guiada por uno de los arqueólogos que trabaja en el yacimiento, y que entregan una completa descripción de los hallazgos y su posible significado. El visitar la ciudad ayuda e impulsa a que se continúe con la obra de investigación de este yacimiento tan particular.